Historia


Historia de Ituzaingó: del Camino Real al Jardín del Oeste

La historia de Ituzaingó, hoy municipio autónomo del oeste del Gran Buenos Aires, es mucho más que la cronología de un distrito creado en 1994. Es la historia de un territorio que fue primero merced colonial, luego posta y puente estratégico, después pueblo de campaña, más tarde villa ferroviaria de quintas y chalets, hasta convertirse en ciudad y, finalmente, en municipio con gobierno propio. El paisaje actual –calles arboladas, barrios residenciales, plazas, clubes, viejas casonas y modernos edificios– condensa más de cuatro siglos de transformaciones políticas, económicas y sociales.

Entender esa trayectoria permite leer al Ituzaingó contemporáneo de otra manera: como resultado de capas históricas superpuestas. Desde las mercedes de tierras entregadas por Juan de Garay en el siglo XVI hasta la autonomía municipal de 1994–1995, pasando por el Camino Real, el Puente Márquez, el ferrocarril, el pueblo de Santa Rosa, la expansión de principios del siglo XX y la militancia por la separación de Morón, cada etapa dejó marcas visibles y simbólicas en el territorio.


Los orígenes coloniales: mercedes de tierras y Camino Real (siglos XVI–XVII)

La historia de Ituzaingó se remonta a los primeros tiempos de la colonización española en el Río de la Plata. En 1583, el capitán Juan Ruiz de Ocaña recibió de Juan de Garay una merced de tierras que abarcaba una gran porción del oeste bonaerense, incluyendo lo que hoy son Morón e Ituzaingó. Esa donación marcó el inicio de la ocupación formal del área, articulada en torno a estancias ganaderas, caminos de campaña y cursos de agua.

Durante el período 1630–1640 la Corona continuó otorgando mercedes sobre la cuenca del río de las Conchas (actual río Reconquista). Los beneficiarios incluían a figuras como Diego de Truxillo, Juan de Vergara, Juan Ruiz y la Compañía de Jesús, lo que evidencia un interés tanto económico (ganadería, tierras) como religioso (presencia jesuítica) en la región.

En 1663, el gobernador Alonso de Mercado y Villacorta –según la tradición recogida en documentos posteriores– declaró “Camino Real único” al trazado que unía Buenos Aires con Luján pasando por lo que hoy es Morón e Ituzaingó. Ese Camino Real fue el cordón umbilical entre la capital y el interior: por allí circulaban carretas, diligencias, correos, tropas coloniales y viajeros de toda índole. Ituzaingó, todavía inexistente como pueblo, ya formaba parte de una zona de paso vital para la economía virreinal.


Curato de Morón, postas y Puente Márquez (siglos XVIII–inicios del XIX)

En el siglo XVIII la zona se estructuró en torno al Curato de Morón y al Camino Real. Hacia 1730, Francisco Merlo construyó una capilla cercana al camino que sería cabecera del curato de Morón y La Matanza. En 1736 inició los trámites para fundar el pueblo de San Antonio del Camino, logro que obtuvo en 1754; esa localidad, con el tiempo, sería el antecedente directo de Morón.

En torno al Camino y a los vados del río de las Conchas comenzaron a instalarse postas. Una de las más importantes fue la Posta de Puente Márquez. En 1771, el vecino Pablo Márquez (según otras versiones, Margarita Ocampo y Manuel Alvarado como primeros puesteros) gestionó permiso para construir un puente de madera sobre el río, en reemplazo del vado que se volvía intransitable con las crecidas. En 1773 se habilitó el Puente Márquez, cobrando peaje o pontazgo por su uso.

Ese puente –estructura de madera de ñandubay de unos 27 metros de largo– se convirtió en punto estratégico de circulación: por allí cruzaban carretas, tropas militares, correo real y luego ejércitos revolucionarios. Estaba unos kilómetros aguas abajo del vado de Paso del Rey, y permitía unir Morón con Luján por el Camino de los Gaona, evitando el tramo más difícil del Camino Real.

Hacia fines del período colonial y comienzos del siglo XIX, la Posta de Puente Márquez era una parada obligada para quienes viajaban al interior. La documentación de la época muestra la presencia de familias con tierras en lo que hoy es Ituzaingó –Alvarado, Rodríguez Flores, Torríllas, González, Manrique– que combinaban funciones productivas y militares.


Guerras de independencia, Puente Márquez y primeros planos (1800–1853)

Durante las invasiones inglesas y las guerras de independencia, el Puente Márquez adquirió todavía más relevancia. En 1806, milicias reclutadas por Juan Martín de Pueyrredón se concentraron allí antes de marchar a la batalla de Perdriel. En 1810, la Primera Junta dispuso que en ese punto se organizara parte del Ejército Auxiliar del Alto Perú, y en 1812 el propio Manuel Belgrano cruzó el puente rumbo a Rosario con 500 infantes para preparar la defensa del litoral.

En 1818, el coronel Pedro Andrés García confeccionó uno de los primeros planos detallados de la región, registrando la posta, las propiedades rurales y los caminos principales. Ese documento puede considerarse el primer antecedente cartográfico del futuro territorio de Ituzaingó.

La etapa posrevolucionaria estuvo marcada por guerras civiles y reconfiguraciones institucionales. Con la disolución del Cabildo en 1821, la jurisdicción local quedó en manos del juez de paz José Benito Rivas. Un segundo plano, elaborado en 1827 por el ingeniero José María Romero, muestra ya con claridad la trama de estancias y caminos, destacando las tierras de Francisco Ponce de León, terrateniente clave para la historia posterior.

Ese mismo año, 1827, se libró la batalla de Ituzaingó en Río Grande do Sul (Brasil), durante la guerra contra el Imperio del Brasil. Aunque no ocurrió en este territorio, la batalla quedaría asociada décadas más tarde al pueblo y a la estación ferroviaria, que tomarían su nombre de ese combate.

En 1829 se produjo otro hito: la Batalla del Puente Márquez entre las tropas unitarias de Juan Lavalle y las fuerzas federales de Juan Manuel de Rosas y Estanislao López. La derrota unitaria y la destrucción del puente original reforzaron el carácter simbólico y estratégico del sitio.

Durante el período rosista, figuras como Tomás Fernández de Cieza fueron jueces de paz y grandes propietarios locales. Hacia 1839, planos de la época muestran la consolidación de estancias como la de Luis Pellon y la Posta de Pardo, sucesora de la posta de Alvarado en el entorno del río.

En 1853, Manuel Rodríguez Fragio compró a Viviano Ponce de León más de 60 manzanas que con el tiempo conformarían el núcleo fundacional del futuro pueblo de Santa Rosa y luego Ituzaingó. Esa operación inmobiliaria puede leerse como el germen del casco urbano moderno.


Del campo al pueblo: Santa Rosa e Ituzaingó ferroviaria (1860–1910)

La segunda mitad del siglo XIX fue decisiva. Mientras la campaña bonaerense se integraba a la economía exportadora y se expandía la red ferroviaria, el territorio actual de Ituzaingó comenzó a transformarse de zona de estancias y postas en núcleo poblado.

Ya en torno a 1860 se registran pulperías, casas de negocio y almacenes en la intersección de las actuales avenidas Rivadavia, Santa Rosa y Blas Parera, puntos clave del antiguo camino a Merlo. El ferrocarril del Oeste –antecesor de la actual línea Sarmiento– se extendía hacia Merlo y Moreno, abriendo la posibilidad de nuevas estaciones y pueblos.

En octubre de 1872, el gobernador Mariano Acosta aprobó por decreto el proyecto de traza del pueblo de Santa Rosa. El plano había sido presentado por Manuel Rodríguez Fragio, que desde mediados de la década de 1850 venía adquiriendo tierras entre Morón y Merlo. El diseño estuvo a cargo de Pedro Benoit, el mismo ingeniero que luego intervendría en la planificación de la ciudad de La Plata.

Paralelamente, en 1872 se construyó la estación del Ferrocarril del Oeste que llevaría el nombre de Ituzaingó, en homenaje a la batalla de 1827. La inauguración oficial se produjo en 1873. Ese doble movimiento –creación del pueblo de Santa Rosa y puesta en funcionamiento de la estación Ituzaingó– marcó el inicio de una etapa nueva: el surgimiento de un pueblo ferroviario de quintas, residencias y comercios, con fuerte conexión a Buenos Aires.

El ferrocarril cambió radicalmente la lógica del territorio. Dejó de ser solo zona de paso de carretas y postas para convertirse en lugar de residencia estable, con flujo cotidiano de pasajeros que iban y venían de la capital. Santa Rosa/Ituzaingó comenzó a atraer a familias porteñas que buscaban aire puro y tranquilidad en el campo, sin perder contacto con la ciudad.

Las primeras décadas de existencia del pueblo vieron aparecer boliches, almacenes, capillas, escuelas y sociedades de fomento. La trama cuadriculada, diseñada por Benoit, empezó a completarse con viviendas, comercios y quintas arboladas. El paisaje de la época, según reconstrucciones de historiadores locales, combinaba casas modestas, chalets de veraneo y grandes lotes con frutales y sombra, anticipando el perfil “jardín” que todavía hoy caracteriza a Ituzaingó.


Urbanización, escuelas y clubes: el entramado social (1880–1940)

Entre fines del siglo XIX y las primeras décadas del XX, el pueblo creció alrededor de la estación y consolidó su estructura urbana. Según el artículo de Conurbano y trabajos de historia local, en 1883 se fundó la primera escuela, antecedente de la actual Escuela N.° 1 Bartolomé Mitre.

En 1892 se conformó la primera comisión pro-fomento, encabezada por el coronel César Cardoso, con el gobernador Bernardo de Irigoyen como presidente honorario. Estas comisiones eran típicas del período: vecinos que impulsaban mejoras, promovían obras, gestionaban servicios y representaban los intereses del pueblo ante autoridades provinciales.

En 1909 se inauguró la Escuela N.° 2 (hoy N.° 3) y en 1911 se creó la Plaza Centenario, antecedente de la actual Plaza 20 de Febrero. Las escuelas, la plaza, la iglesia y la estación formaron lo que podríamos llamar el “cuadrilátero cívico” de Ituzaingó, punto de encuentro de celebraciones patrias, actos escolares, ferias y eventos religiosos.

En 1912 se fundó el Club Atlético Ituzaingó, que con el tiempo se convertiría en símbolo deportivo y social del pueblo. Dos años más tarde, en 1914, la llegada de un tranvía a caballo conectó el centro con la zona de Villa Ariza, extendiendo el tejido urbano y facilitando la movilidad interna.

Durante la década de 1920 surgieron instituciones como el Cine Teatro Ituzaingó y el Club Gimnasia y Esgrima (GEI), que todavía hoy son referencias ineludibles de la vida cultural local. En 1932 se fundó el Centro Cultural Bernardino Rivadavia, otro hito de la sociabilidad ituzanguense.

La construcción de la iglesia de San Judas Tadeo comenzó en 1935 y culminó en 1940. Ese mismo año, la plaza central adoptó oficialmente el nombre “20 de Febrero”, en homenaje a la Batalla de Ituzaingó. También se formalizó la nomenclatura de calles que en gran medida se conserva hasta hoy, marcando una fase de ordenamiento urbano e institucionalización del espacio público.

En paralelo, Puente Márquez seguía siendo un lugar cargado de historia. En 1964, mucho más tarde, fue declarado Monumento Histórico Nacional y reconstruido en hormigón, aunque en los años 90 la construcción del Acceso Oeste implicó su demolición, borrando físicamente un símbolo clave, aunque no su peso en la memoria local.


Cultura, asociaciones y “espíritu de pueblo” (1950–1980)

El siglo XX avanzado profundizó la construcción de una identidad comunitaria muy fuerte. Hacia 1950 nació el Coro Lorenzo Perosi, y en 1957 se creó el Rotary Club de Ituzaingó, parte de un entramado asociativo que incluía clubes de barrio, sociedades de fomento, centros culturales y grupos religiosos.

La década de 1960 fue particularmente activa: se organizaron iniciativas como la Asociación “Unámonos por Ituzaingó” (AUPI), se fortaleció el Centro Cultural Bernardino Rivadavia y se consolidó la Delegación Municipal, antecesora del municipio autónomo. Estas organizaciones no solo producían actividades culturales y recreativas, sino que también funcionaban como espacios desde los cuales se comenzaron a plantear, cada vez con más fuerza, las demandas de autonomía política respecto de Morón.

En los años 70, el Centro Tradicionalista “La Coyunda” reforzó la dimensión criolla y folklórica de la cultura local, con desfiles, jineteadas y actividades con raíces rurales. La década de 1980 vio nacer a la Asociación Pro-Autonomía de Ituzaingó (APAI), que jugaría un rol central en la lucha por la creación del municipio propio.

Durante este período, Ituzaingó se consolidó como ciudad jardín del oeste. Las quintas y chalets, la arboleda, los clubes, el comercio de cercanía y las instituciones educativas reforzaron la percepción de “pueblo grande” dentro del conurbano. Muchos vecinos de CABA y otros partidos comenzaron a elegirlo como lugar de residencia permanente, aprovechando la conectividad del ferrocarril y del entonces incipiente Acceso Oeste.


De ciudad a municipio: autonomía y nuevo mapa político (1984–1995)

Si bien Ituzaingó fue reconocido como ciudad en 1964 por ley provincial, seguía integrando el partido de Morón. El crecimiento demográfico, la complejidad urbana y la percepción de “postergación” frente al casco de Morón alimentaron durante décadas la idea de que la zona merecía un municipio propio.

En los años 80 esta aspiración se transformó en movimiento organizado con la creación de la APAI (Asociación Pro-Autonomía de Ituzaingó). Vecinos, comerciantes, profesionales y referentes políticos comenzaron a articular argumentos en favor de la descentralización: proximidad de la gestión al vecino, posibilidad de planificar el desarrollo local, mejora de los servicios, fortalecimiento de la identidad urbana y corrección de desequilibrios en la distribución del presupuesto.

El proceso culminó el 28 de diciembre de 1994, cuando la Legislatura bonaerense aprobó una ley que dividió el partido de Morón y creó los nuevos municipios de Hurlingham e Ituzaingó. Ese mismo texto fijó los límites territoriales y las condiciones de transición administrativa.

En 1995 se realizaron por primera vez elecciones municipales en Ituzaingó. Alberto Daniel Descalzo, dirigente peronista, encabezó la Lista de Unidad 24 del Frente de Unidad Peronista y fue electo como primer intendente, asumiendo el 10 de diciembre de 1995 y permaneciendo luego en el cargo por sucesivas reelecciones. Siendo a partir del 10 de diciembre de 2023 sucedido por su hijo Pablo Catriel Descalzo.

Con la asunción del intendente y la puesta en marcha del Concejo Deliberante, el municipio inició su vida política-administrativa autónoma. Comenzó así una nueva etapa de planificación urbana, desarrollo de infraestructura, políticas sociales, culturales y ambientales específicas para la escala local.


Ituzaingó en la actualidad: memoria, territorio y proyección

Hoy, la historia de Ituzaingó se hace visible en múltiples capas del territorio. El Puente Márquez –aunque su estructura original ya no existe– sigue presente en la memoria como punto clave de la época colonial, de las guerras de independencia y de las campañas internas. El río Reconquista, degradado durante gran parte del siglo XX, forma parte de los desafíos ambientales del presente.

La Plaza 20 de Febrero, la iglesia de San Judas Tadeo, los clubes históricos como el Atlético Ituzaingó y el GEI, el Cine Teatro, el Centro Cultural Bernardino Rivadavia, las escuelas centenarias y las casonas antiguas del centro y de Villa Ariza son huellas vivas del período de pueblo ferroviario y ciudad jardín que marcó la primera mitad del siglo XX.

En paralelo, barrios como Parque Leloir y Villa Udaondo condensan otra dimensión histórica: la de las quintas arboladas, las residencias de descanso y la relación entre naturaleza y urbanización. El barrio parque Leloir, con su traza curva, su arboleda monumental y su baja densidad, es heredero de un modelo de urbanización que buscaba combinar vida suburbana, aire libre y cercanía a Buenos Aires, continuando la vieja tradición de “veraneo” y descanso en el oeste.

La autonomía municipal, por su parte, dejó una marca profunda en la identidad política. Cada aniversario de la ley de 1994 y de la asunción del primer intendente se celebra como “cumpleaños institucional” del distrito. Las campañas comunicacionales recientes del municipio hablan de “29 años de autonomía” o “150 años de la ciudad”, jugando con distintas fechas simbólicas: la aprobación del plano de Santa Rosa en 1872, la inauguración de la estación en 1873, la declaración de ciudad en 1964 y la creación del municipio en 1994/1995.

En 2022, por ejemplo, diversos medios locales recordaron que se cumplían 150 años de la fundación del pueblo (tomando como referencia el decreto de Mariano Acosta de 24 de octubre de 1872), y repasaron la “multiplicidad de fechas fundacionales” de Ituzaingó: la traza de Santa Rosa, la estación Ituzaingó, la elevación a ciudad y la autonomía como hito institucional final.


Un legado que sigue actuando

La historia de Ituzaingó no es un objeto de museo. Actúa en el presente: en la toponimia de las calles, en los nombres de las plazas y escuelas, en los relatos de los vecinos, en la persistencia de instituciones centenarias y en las disputas actuales por el uso del territorio, el cuidado del ambiente y la preservación del patrimonio.

Del Camino Real al Acceso Oeste, de la posta de Puente Márquez a las autopistas y la línea Sarmiento electrificada, de las viejas quintas de Santa Rosa a las densificaciones en torno a la estación, el municipio sigue reescribiendo su trama urbana. Pero en el fondo, detrás de cada etapa, hay una continuidad: la idea de que Ituzaingó es un lugar donde ciudad y naturaleza se encuentran, donde la vida de barrio y la historia compartida sostienen un fuerte sentido de pertenencia.

Ese legado, construido a lo largo de más de 400 años, es la base sobre la que se asienta el Ituzaingó autónomo del siglo XXI.